Ha caído otro escalón...
Y esta vez es un escalón que ha pasado bastante tiempo desapercibido; un escalón que conocí un poco tarde, pero que me ayudó a subir un paso más.
Cuando conoces una persona de una manera, el ver que esa etapa termina es muy difícil, y más cuando no sabes si podrás seguir viéndolo en la que continua, si podrás seguir amándolo, si te sentirás esa dicha por cada instante y la esperanza por los recuerdos que quieres que no haya olvidado. El fue un cantante, fue un miembro. Y que fuera esto, encierra tantos sentimientos que despedirte de ellos es algo tan desconsolador que aun no sabes si dejar rodar las lágrimas será suficiente.
El futuro siempre es incierto, y tú que eres espectador lo notas aun más. Los miembros envejecen, la industria aporta nuevos grupos, ellos cumplen con sus obligaciones nacionales, y lo que es peor, tu también haces todo esto con ellos. La llamada del mundo real es algo aterrador, te quita el sueño, la emoción, te endurece el corazón y te cierra la conmoción, pero, ¿que puedes hacer? No puedes quedarte con un grupo que amas toda tu vida, y aunque te pese, ellos tampoco.
Tres años es demasiado tiempo, casi una eternidad. Tu cambiarás, y por primera vez en mucho tiempo, no verás como ellos lo hacen. ¿A que se le teme?, el temor más grande es, que los escalones restantes lleguen a 0 y que tu piso construido por sus voces y sus letras se derrumbe; dejando un espacio gigante en tu identidad.
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