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sábado, 23 de mayo de 2015

Familia

Hay cosas en la vida, que nunca podremos tener por mucho que nos esforcemos. 
Siempre nos concetramos en lo que podemos conseguir, o tal vez, personas como yo somos quienes nos esforzamos por esto. Y no es que esté mal, porque tener metas también es importante, y lograrlas, extremadamente satisfactorio.

Pero también hay que saber reconocer, las cosas que no podemos lograr; y sentirnos felices por las personas que las tienen. Siempre va a haber un espacio en tu corazón que se pregunta cual hubiera sido tu felicidad si hubieras tenido esas cosas, va a haber una gota de envidia siempre, pero cuando dejas de concentrarte en tus carencias; no hay nada más hermoso que ver, la felicidad de las personas que quieres.

Mi familia, es algo que agradezco con toda mi alma, yo no hubiera podido ser salvada si no hubiera tenido el amor de mi familia junto a mi. Todos mis tíos, mis primas, mis hermanas, mis abuelas, cada miembro de mi familia aportó algo importante a mi vida.

Pero, aunque la familia esté unida siempre hay subdivisiones, y mi subdivisión particularmente no ha sido muy afortunada. Venir de un núcleo roto, dejas muchas partes de ti funcionando de una manera no muy buena, y el camino desde que te das cuenta de la realidad hasta que aprendes a superarla, no es nada sencillo.

Siendo una niña, tu ves la fortuna de las personas de tu misma edad con anhelo y porque no decirlo, con envidia. Pero cuando creces y te das cuenta de que todos tenemos fortuna en nuestras vidas, tu felicidad crece por el alivio, de que esas hermosas personas a las que quieres tanto, no hayan vivido lo que tu.

Por eso, cuando veo a mis primas bromeando con sus padres; cuando las veo con sus parejas, totalmente felices; cuando las veo recibiendo palabras de amor de sus padres, viajando, riendo, siendo felices. Mi felicidad hace que las lágrimas desborden, y es en esos momentos que me doy cuenta, que haría todo por mantener esa felicidad a su lado.